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Artículo 31

Amar es elegir bien

En ocasiones nos resulta sorprendente que personas que son extremadamente eficaces en aspectos profesionales o en cuestiones prácticas, cuando se trata de su vida emocional parezcan olvidar todo lo que hacen en otras facetas de su día a día, y hagan elecciones extrañas que chocan por la rapidez o por la falta de análisis.

Esto suele deberse, por un lado, a las ideas que tenemos sobre el amor, bien porque las hemos vivido en nuestras familias, bien porque las hemos aprendido o las hemos diseñado internamente a partir de literatura, cine u otras artes. Por otro lado, cuando aparecen los primeros síntomas de enamoramiento, pueden identificarse con arrebatos de amor verdadero que producen una distorsión transitoria de la realidad, y a los que se atribuyen todos los calificativos de veracidad, sin tomarse el tiempo necesario para confirmar que uno se encuentra ante la persona adecuada. Es como si uno se dejase arrastrar por los efluvios de la pasión sin que se pueda hacer nada al respecto.

Una interpretación errónea en este primer momento puede llevarnos a perder un tiempo innecesario que se podría haber aprovechado en buscar a alguien más afín con uno mismo. Las dos formas más habituales de hacer una elección desacertada en este momento son:

  • Forzar los sentimientos de la otra persona. En ocasiones, cuando alguien nos gusta mucho y estamos convencidos unilateralmente de que estamos hechos el uno para el otro, pasamos por alto tener en cuenta y analizar lo que está sintiendo la otra persona: “¿de verdad me quiere o está simplemente accediendo a mis aproximaciones?”. A veces uno se siente muy bien cuando consigue su presa, pero la relación de pareja no es un entorno de acoso y derribo, sino de juego en el que ambos participantes tienen unas reglas aplicables bilateralmente, están participando porque les apetece el juego, y porque les parece que la otra persona puede ser un buen compañero para uno. Si la otra persona no responde a nuestras intentonas, la dejaremos que se tome el tiempo necesario y, si finalmente seguimos sin gustarle, lo aceptaremos deportivamente, pero no cometeremos la inmadurez de enfadarnos, y mucho menos de insultar u ofender simplemente porque las cosas no hayan salido a nuestro gusto.
  • Ceder ante la conducta obsesiva de otra persona. En ocasiones, confundimos obsesión con amor. Pensamos que alguien esta colad@ por nosotros si no hace más que llamarnos, ocupar nuestro tiempo y nuestro espacio, y copar nuestro ocio y actividades. A algunas personas les resulta muy difícil decir no, y otras incluso se sienten obligadas a devolver las atenciones que la otra persona está teniendo. Lo que haga esta persona es absolutamente su responsabilidad, y no puede cobrarse lo que está dando sin que nadie se lo pida. Por lo tanto, no se ha contraído deuda alguna (por mucho que se utilice el argumento “con todo lo que te he dado… ”. Cuando se da para exigir un retorno, esto se llama chantaje, y nadie está obligado a corresponder al mismo); y es mejor decir no al principio que años después cuando al bajar la intensidad del acoso, uno se pregunta qué estoy haciendo con esa persona. Hay que tener especial cuidado, porque es cierto que puede resultar muy halagador tener a alguien prácticamente a los pies de uno, pero si la relación se mantiene por esta conducta, y no por la elección de la persona por sus cualidades, el paso de los años necesitará que, o bien no decaiga el acoso, o bien que el acosado de pronto descubra que estaba realmente enamorado del otro por su forma de ser y afinidades. De lo contrario, el malestar está prácticamente garantizado.

Si pasamos bien esta fase, sin forzar sentimientos en otros y sin ceder a las obsesiones de los candidat@s, es decir, si la relación va progresando saludablemente y con normalidad, los siguientes puntos que tendremos en cuenta para elegir bien serán:

  • Atractivo físico. No existen normas sobre qué es lo que nos gusta de la otra persona, con tal de que realmente nos guste
  • Afinidades y compatibilidades. No hace falta ser iguales, pero sí parecidos en la mayoría de las cosas y compatibles en las que sean diferentes. Cuando hay conductas que sean antagónicas y que además nos produzcan un profundo malestar, hay que tenerlo en cuenta y no dejarlo pasar por alto, pues pueden ser la causa del fin de la relación en un futuro. Lo mejor será hablarlo y, si la otra persona no puede o no quiere cambiarlo, nuestra sugerencia es distanciarse cuanto antes
  • Convivencia. Es un aspecto fundamental. Hay personas que se gustan mucho, que se quieren mucho, que se lo pasan muy bien juntos, pero a la hora de la convivencia surgen mil pequeños detalles que la hacen imposible: ritmos para hacer las tareas; horas y momentos de sueño; orden o desorden; etc. Si no queréis acabar con la relación de pareja y veis que hay una gran incompatibilidad, os recomendamos no pasar a este punto si no es estrictamente necesario. Pero si para vosotros la convivencia es absolutamente imprescindible para la relación y no puede llevarse a cabo, entonces, por mucho que duela, lo mejor es no continuar

Cuando estamos haciendo una buena y sabia elección, nos estamos queriendo correctamente, tanto a nosotros mismos como a la otra persona, pues estamos teniendo en cuenta las necesidades propias y ajenas; estamos siendo considerados con nuestros sentimientos y con los del otro; y estamos dándonos y dando la oportunidad real y eficaz de ser felices.

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