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Artículo 14

Mitos acerca del amor

Existe una creencia generalizada de que el amor ocurre, a veces por caprichos del destino, con nombre de Cupido, a veces por simple casualidad. Entonces, realmente, ¿el amor ocurre?

Casi todas las personas hemos sentido en algún momento ese click que hace que alguien pase de ser un conocido, o casi desconocido, a objeto de nuestros afectos. Pero, ¿podemos decir que esto es amor? Digamos sí, que significa que alguien nos ha gustado muchísimo, y que nos gustaría volver a verle con cierta frecuencia, sentir el bienestar que produce su presencia, e ir conociéndole para saber si hay afinidad mutua. En ese sentido, sí podríamos llamarlo amor.

Por otro lado, ¿significa esto querer? La palabra querer nos viene del latín curare (que también nos suena a curar y cuidar). Cuidar, querer a otro, por lo tanto, significa estar atento a sus necesidades -que no tienen por qué coincidir con las propias-, y saber cómo cubrirlas. A su vez, uno se siente querido cuando su pareja le da (y sabe darle) aquello que necesita.

Por tanto, una pareja funcionará muy bien cuando cada miembro conozca, en primer lugar, qué necesita y qué no necesita del otro para potenciar lo mejor de sí mismo, y lo comunique de manera eficaz. Y en segundo lugar, cuando cada miembro sea consciente de las particularidades de su pareja y sepa compatibilizar las formas de ser de cada uno. Todo ello proporciona complicidad, satisfacción y compañerismo:

«Jaime y yo teníamos formas distintas de entender la manera de pasar los domingos por la mañana», nos comenta Cristina. «A él le gustaba quedarse horas en la cama y dormir, y a mí me apetecía aprovechar para hacer algo de ejercicio, pues era el único día a la semana que podía hacerlo Al principio, nos quedábamos durmiendo a su manera, pero pronto empecé a sentirme mal porque estaba perdiendo forma física, y me dolía la espalda. Lo hablé con él y Jaime comenzó a hacer ejercicio conmigo todas las mañanas, pero remoloneaba mucho, salíamos tarde y en realidad él tampoco disfrutaba, aunque sabía que intentaba hacer el esfuerzo por mí. Decidimos sentarnos a hablarlo y comprendimos que, ni yo podía forzarle a que viniese conmigo todos los domingos, ni yo me podía quedar en la cama. Así que decidimos que cada uno haría lo que más le apeteciera a esas horas, y lo mejor es que pusimos una hora convenida por los dos para darnos un desayuno especial, que casi nos servía de comida, y se convirtió en nuestro momento favorito del fin de semana.»

Hay otro apellido que solemos poner a la palabra amor, como forma de otorgarle autenticidad: incondicional. Amor incondicional quiere decir amar contra viento y marea, amar pase lo que pase, amar aceptándose sin recortes. Aunque hay que admitir que resulta muy gratificante saber que se es amado y que se ama de forma incondicional, prestaremos especial atención a que no llegue a lo irracional. Amar bien a una persona implica permitirle, e incluso animarle, a que cometa sus propios errores, a que aprenda de ellos, y a que pierda el miedo a aceptarse y reconocerse como es. Si amar incondicionalmente lleva a uno de los miembros de la pareja a la propia inmolación, estaríamos entonces hablando de otra cosa bien distinta, pero no precisamente de un amor sano y satisfactorio.

Vivir la experiencia de una gran relación de amor es algo a lo que aspiramos la mayoría de las personas, o al menos experimentar esa sensación de éxito y satisfacción en el terreno amoroso. Es posible que ya que se trata de algo que no se puede comprar o adquirir en ningún lugar, parezca más fácil, y de ahí la idea engañosa de que cualquiera puede conseguirlo. No obstante, para que una relación ocurra y funcione hacen falta algunos ingredientes personales, entre ellos, tener la motivación por querer que eso suceda y que sea bueno (querer querer), y también conocimientos adecuados (saber querer). El gran trofeo que obtienen las parejas que llegan juntas y enamoradas hasta el final de sus días es la sensación de sentirse completo, aceptado y valorado. Lo habrán conseguido, a su vez, a base de trabajo y esfuerzo diario, siempre con la intención y voluntad de superar las diferencias con cariño y claridad, de respetar y atender las necesidades propias y del otro, y de apoyarse mutuamente para fomentar el crecimiento y la felicidad de ambos.

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