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Artículo 26

Algunos miedos que hay que perder para experimentar el amor (II y III)

(…continuación)

Los miedos nos bloquean y tenemos esa incómoda sensación de que nuestra vida no va hacia ninguna parte. Por eso es importante reconocerlos, identificar qué es lo que tenemos que hacer y aprender, y permitirnos seguir creciendo como personas libres de las ataduras del temor.

Miedo a ser engañado/dañado. Se trata de un miedo muy lícito, pues a nadie le gusta que le hagan trampas o le provoquen dolor. En cualquier caso, es algo que no podremos evitar, pues quien va a engañar no va a decirnos desde el principio que va a hacerlo y tendremos que aprender a identificarlo, pues la mentira suele ir dejando rastro, y podemos aprender a interpretarlo. Básicamente, uno empieza a sentir que “la cosa no marcha” cuando se intuyen ciertas contradicciones entre lo que la persona nos está diciendo y lo que realmente hace. Tenemos la tendencia de preguntar lo evidente, para obtener una respuesta que nos devuelva a la tranquilidad que los hechos nos están negando. En ocasiones el engaño nos pilla por sorpresa, pero lo que suele ocurrir con más frecuencia es que nosotros mismos nos estemos engañando cuando oímos solamente lo que queremos escuchar, y obviamos lo que la realidad está poniendo delante de nosotros, a veces con luces de neón. Si somos capaces de asumir la parte de responsabilidad que nos toca en todo el entramado de la mentira, evitaremos gran parte del dolor que provocan sus consecuencias.

Miedo a meter la pata o a equivocarse. Reconociendo que a nadie le gusta equivocarse, ¿existe alguien capaz de decir que no se ha equivocado nunca? ¿Existe alguien que se atreva a afirmar que no va a volver a equivocarse? En realidad, la dificultad radica en que el error está muy mal visto en nuestra sociedad. Cuando alguien se equivoca, tendemos a hacer leña del árbol caído y no fomentamos que la persona aprenda del error y siga adelante, que sería lo más inteligente. Para poder sacar provecho del error, es importante que la persona asuma la responsabilidad de las consecuencias de una decisión que ha tomado y que no vaya echando culpas a diestro y siniestro. Al asumir la responsabilidad se pueden cambiar las conductas que han provocado los efectos. La maestría, el éxito o la sabiduría son el resultado de una larga serie de fracasos y de una ausencia de miedo a equivocarse facilitada por un deseo profundo de hacer las cosas bien y de disfrutar de ellas

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Equivocarse no es bueno ni es malo: depende de lo que signifique para cada uno. Identifícalo rápidamente, asume tu parte en él, y no permitas que te paralice hasta que sientas que la vida te está pasando por encima.

Miedo al compromiso. Si lo que te está echando para atrás a la hora de estabilizar una relación es este miedo, probablemente se deba a que eres una persona que se compromete demasiado pronto en unarelación y da más de lo que toca antes de que corresponda hacerlo. De ahí puede venir una sensación de frustración que haga que a uno se le quiten las ganas de comprometerse, si es que no va a recibir a cambio lo mismo que da. En este caso, te recomendamos que leas los artículos relacionados con las fases que debe atravesar una relación hasta consolidarse y que reajustes lo que das y lo que recibes para que puedas sentirte a gusto en una relación. Quizá vengas de relaciones que no han funcionado, pero en realidad no es necesario que te comprometas hasta que no estés seguro de que te encuentras ante la persona con la que la afectividad fluye de manera recíproca. O puede que tu miedo al compromiso venga del miedo a sentirte agobiado. Entonces, sigue leyendo.

Miedo a ser agobiado. Este miedo probablemente lo sentirás cuando la otra persona haga avances para los que tú no hayas dado tu visto bueno, pero para los que tampoco hayas sabido marcar los límites y dejar claro lo que todavía no quieres vivir en esa relación. Un buen entrenamiento en asertividad (decir lo que sientes de forma clara, tranquila y sin hacer daño al otro; consiste en reafirmarte a ti mismo sin negar al otro) te proporcionará una buena herramienta para que puedas avanzar en una relación sin que de pronto te veas haciendo algo, o sin poder hacerlo, debido a las exigencias o imposiciones, sutiles o explícitas, de la persona con la que estés.

Miedo a tomar decisiones. Este miedo tiene mucho que ver con el miedo a equivocarse. No es que uno no sepa tomar decisiones, sino que normalmente no se quieren asumir las consecuencias de lo que decidimos, por si acaso no sale como nos gustaría. Pero, lo admitamos o no, estamos continuamente tomando decisiones. Incluso cuando no estamos tomando una decisión, estamos tomando la decisión de no tomarla, con sus correspondientes consecuencias. Cuando decidimos que sea el otro quien tome la decisión (lo que tu digas) estamos tomando la medida de que la decisión la tome el otro, por lo tanto luego no vale echarle en cara nada si se equivoca. Si no queremos vernos atrapados en las decisiones de los demás, mejor tomamos nosotros las nuestras, pero no dejaremos que los demás las tomen por nosotros para luego culparles a ellos en lugar de asumir nosotros las consecuencias. Te sugerimos que leas el apartado relacionado con el miedo a equivocarse. ¡No pasa nada, de verdad!

Ahora te vamos a proponer que hagas un pequeño ejercicio. Escribe en un cuaderno: un miedo que tengo en las relaciones es… (y empieza a escribir todo lo que te salga). Una vez que lo hayas identificado, escribe a continuación de qué manera puedes cambiar ese pensamiento, qué necesitas aprender, y cómo vas a hacerlo. Verás cómo este pequeño esfuerzo empezará a producir cambios que harán que tu vida afectiva se desbloquee y avance hacia los objetivos que te hayas propuesto.

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