Nuestros consejos para tener éxito en tus encuentros

Artículo 32

Creando relaciones de amor… ¿o amorfas?

Si alguien nos está intentando convencer de que el amor tiene un componente de dolor… ¡toca salir corriendo en la dirección contraria! y dejar que continúe con su discurso… amorfo.

El amor tiene que ver con bienestar, con placer y con plenitud. Si no, ¿cómo podríamos explicarnos ese deseo profundo de buscar desesperadamente el amor? ¿Por qué es tan importante? ¿Por qué existe esa sensación de frustración si no se acaba de encontrar? ¿Hay alguien que esté en busca del dolor de la misma manera desesperada? Cuando esto ocurre, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que nos encontramos ante una patología importante, que es preciso reconducir hacia hábitos de salud, no de enfermedad.

El dolor, en el organismo humano, es una señal de cambio que, si no atendemos a tiempo, produce retrasos, quiebras o desintegración. Cuando estamos sanos y aparece el dolor, es un aviso claro hacia el análisis y la corrección. Cuando el dolor aparece en situaciones de rehabilitación física o emocional (cuando uno se está recuperando de algo) nos marca el ritmo hacia el bienestar para que no forcemos más de la cuenta.

¿Y que tiene todo esto que ver con el amor? No hay nada más descorazonador que ver a alguien repetir incesantemente “l@ quiero”, mientras se ahoga en un mar de lágrimas, emocionalmente hundido y al borde del cataclismo en muchos órdenes de su vida (laboral, social, etc.). Esto, que es normal en un momento puntual de ruptura o de desengaño (“l@ quiero; tengo el corazón roto porque lo acabamos de dejar” o “porque me acabo de enterar de algo que me ha supuesto una profunda decepción”) se convierte en anormal cuando se carecen de los recursos internos emocionales para salir de ello y se continúa con una vida que se va convirtiendo, en lugar de en una experiencia de crecimiento, en un continuo proceso de auto-anulación.

Cuando alguien se encuentra sufriendo innecesariamente (¿por qué?) e ineficazmente (¿para qué?) y se empeña en seguir llamando a esto amor, necesita que alguien le ayude a enfocar de nuevo su realidad para que pueda ver que, de hecho, lo que está es sufriendo los efectos de lo amorfo, desordenado, grotesco y deforme que tiene que ver más con el dolor o el desamor que con el supuesto amor por el que está inmolando una parte preciosa de su vida.

La incapacidad para distinguir el amor de lo amorfo nos viene dada por el aprendizaje, a veces en el entorno familiar o social (la familia sería la primera escuela donde se aprende el amor, el respeto, la seguridad y la confianza), y también apoyado ampliamente por ideas irracionales que se transmiten culturalmente de generación en generación. Se confunde aguantar con ceder; imponer con proponer; reprochar con comunicar; y así un largo etcétera, cuyo objetivo era hacer que dos personas se amoldasen a un único patrón de pareja, igual para todos, necesario para la supervivencia de la especie.

Aunque todo esto, afortunadamente, estamos en proceso de irlo terminando ya, a veces nos queda la duda de hacia dónde vamos; si, a falta de una idea clara de qué es lo que hay que hacer, no sería mejor quedarse con lo pasado. La respuesta es claramente un NO. No es necesario seguir creando, sufriendo y manteniendo relaciones amorfas. Amor rima con dolor solamente cuando está enfermo, pero el amor que vamos proponiendo a través de cada palabra, de cada página y de cada artículo, en muchos casos con vuestra colaboración, es el que combina con satisfacción, con sentirse querido, con saber hacer feliz al otro, con diversión, con paz y, sobre todo, con (sano) humor.

Encuentra personas
verdaderamente compatibles contigo

  • Realiza gratuitamente nuestro Test de Afinidad
  • Descubre tu selección de solteros
  • Ponte en contacto

Ayuda en línea

Encuentra todas las respuestas
a tus preguntas: