Nuestros consejos para tener éxito en tus encuentros

Artículo 39

Creando y recreando el amor

Deseamos con todo nuestro corazón formar relaciones que funcionen, que nos hagan felices y en las que podamos expresar nuestro cariño a la persona que amamos. Tenemos nuestra idea personal de cómo va a ser nuestra relación. Sin embargo, cuando todo se va asentando, empiezan a resurgir todos los aprendizajes que, de manera inconsciente, llevamos guardados, y se ponen en funcionamiento “los programas” que se han ido introduciendo en nosotros a lo largo de los años, desde distintas fuentes.

Cuando se comienza una relación, cada miembro empieza a recrear los sentimientos y conductas que aprendió en su entorno afectivo. Todo empieza con pequeñas decisiones y gestos, apenas perceptibles. Y dependiendo de las decisiones que tomemos y de los gestos que realicemos, así vamos creando nuestra realidad emocional.

En el proceso de creación de una relación hay momentos maravillosos (en los que simplemente nos dejamos llevar, y nos dedicamos a disfrutar), y momentos de crisis, de cambio. Y podemos afrontar estos últimos de manera automática (y entonces se activan los aprendizajes que se han almacenado en nuestro inconsciente, nos gusten o no) o de manera consciente (eso supone el darse cuenta de lo que uno lleva dentro y decidir si es aplicable o no a la situación personal de este momento).

Las crisis es mejor afrontarlas como etapas en las que nos sentimos vulnerables porque algo antiguo ya no nos vale y hay que crear algo nuevo. Pero también como una oportunidad para crecer, explorar y reconocer aspectos nuevos y mejores de la relación. Lejos de plantearse como una posible ruptura, las crisis sirven para afianzar y cimentar las relaciones basadas en un compromiso recíproco por apoyarse y permitir el desarrollo individual.

Cuando se está en pareja, uno se vuelve transparente, hay pocas cosas que se puedan esconder al otro. Se puede intentar, pero son muchas las huellas y señales que suelen delatarnos, aunque sea indirectamente. Crear un espacio de intimidad supone tener el valor de quedarnos emocionalmente desnudos ante el otro, y también ante nosotros mismos. Y también ser capaces de ver lo que hay en nuestro interior, desde lo que yacía aletargado hasta lo que ni siquiera sabíamos que llevábamos incorporado a nuestro bagaje vital.

Crear un espacio de pareja requiere un cierto grado de madurez y, si no se tiene, la propia relación nos exige que crezcamos emocionalmente. Al principio, cuando se está enamorado en las primeras fases, parece que no se pudiera vivir sin el otro, y los dos miembros de la pareja ponen su vida y su corazón a disposición de esa dependencia emocional que parece embargarles. Más adelante, es necesario volver a establecer los espacios personales y se crea una especie de pequeña lucha de poder, en la que, queriendo seguir juntos, es necesario “echar” al otro de ciertas parcelas de la intimidad que pertenecen a uno mismo. Se consigue entonces un cierto nivel de independencia dentro de la pareja, en el que cada uno ya sabe quién es, dónde está, y qué quiere en su relación. Es desde aquí que se puede llegar al estado de interdependencia, en el que dos seres independientes deciden interactuar para la creación conjunta de un proyecto vital.

Crear una pareja es una obra que no tiene fin, en la medida que la propia creación es un proceso infinito. Aunque puedan parecer dos conceptos antagónicos, crear la pareja juntos es un proceso que tiene que ver directamente con la capacidad de descubrirse como un ser único.

Encuentra personas
verdaderamente compatibles contigo

  • Realiza gratuitamente nuestro Test de Afinidad
  • Descubre tu selección de solteros
  • Ponte en contacto

Ayuda en línea

Encuentra todas las respuestas
a tus preguntas: