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Artículo 5

Qué hacer cuando casi se nos ha olvidado cómo buscar pareja

Pasados los 30, los 40, e incluso los 50 años, muchas personas se encuentran solas, no tanto por elección, sino por circunstancias de la vida, y no queda más remedio que hacerle frente con la mejor disposición posible. Algunas se encuentran solas después de una separación o divorcio de un compromiso matrimonial de varios años; otras pueden haber perdido a sus parejas, y están superando, o ya han superado, el estado de duelo; otras, sin embargo, lo viven como un momento de libertad, ahora que están exentas de ciertas responsabilidades, como la crianza de los hijos o sobrecargas laborales. En estos casos, muchas personas buscan atender sus necesidades emocionales, y en particular, encontrar una pareja a la que querer y con la que sentirse queridos.

Y una cosa es desearlo y otra cómo hacerlo realidad. Así que lo primero que haremos será definir muy bien lo que queremos. Cuando hacemos la pregunta ¿quién quiere ser feliz?, todo el mundo levanta la mano, pero cuando preguntamos cómo, la cosa empieza a no estar tan clara. Si al cerebro no le decimos muy concretamente lo que queremos, difícilmente podrá hacerlo realidad. Por poner un ejemplo, es como decir vamos a comer, pero ¿el qué?: si especificamos una barra de pan, untada con mantequilla, un poco de queso manchego, algo de chorizo, ahorraremos mucho tiempo y seremos más eficaces en procurar lo que nos hace falta para conseguir ese objetivo. Trasladando el tema al amor, aunque al principio parezca una verdad de Perogrullo, los elementos que intervienen en una pareja son: uno mismo, el otro y la relación entre las dos personas, y hay que analizar por separado estos elementos para que puedan convertirse en uno solo. Lo mismo que ocurre con el bocadillo que nos íbamos a comer.

Así, al tratar sobre uno mismo, se hará un recorrido desde cómo se es ahora:

  • qué se quiere cambiar (¿nuevo estilo de vestir?¿nuevas actividades?)
  • qué se puede cambiar («me gustaría ser Bill Gates, pero soy asalariado…»)
  • cómo se relaciona uno con los demás (¿soy simpático?¿sé escuchar?¿tengo paciencia?¿cuál es mi grado de tolerancia?)
  • qué quiere uno recibir en una relación de pareja («quiero que me besen y acaricien con frecuencia», «quiero espacio para practicar mis hobbies», «quiero reírme y hacer actividades divertidas», etc.)
  • qué cree que puede aportar a la otra persona, y qué son esas cosas en las que uno se considera bueno («soy tranquilo», «cocino de maravilla», «entiendo mucho de música», etc.)
  • cómo quiero ser querido («me gustaría que la otra persona valorase… - lo que he conseguido en mi trabajo, cómo he criado a mis hijos, mis aptitudes x, y o z, etc.»)
  • o cómo sabes querer («me gusta demostrar a mi pareja todos los días que la quiero», «mi pareja es como es y soy yo quien tiene que decidir si quiero estar con ella o no», etc.), entre otras.

Definiremos cómo esperamos que sea el otro, con una especie de prototipo que nos ayudará a fijarnos más rápidamente en el tipo de persona que estamos buscando:

  • físicamente (¿alto, bajo, me da igual?¿calvo, melena, rubia, moreno, me da igual?¿delgada, fuerte, deportiva, con curvas, me da igual?, etc.)
  • profesionalmente (¿de la rama de ciencias, de letras, autónomo, con o sin estudios, de qué tipo, trabajo intelectual o físico, me da igual?, etc.)
  • económicamente (que tenga suficiente para vivir, que tenga mucha pasta, que no tenga un duro, me da igual, etc.?)
  • hábitos (que le guste levantarse pronto, que fume -o no-, que sea muy ordenado/a, que sea limpio/a, que pase de las tareas domésticas, etc.)
  • personalmente, espiritualmente, etc.

Sobre la relación en sí, es de especial importancia definir lo que en este momento a uno le haría sentir mejor:

  • una relación que empiece como una amistad, con tiempo para conocerse.
  • una relación estable desde el principio.
  • una relación para salir el tiempo libre.
  • una relación para los fines de semana, etc.

Cuando uno ha definido de esta manera aproximada lo que quiere encontrar, ya puede salir en busca de ello. Y los siguientes ingredientes necesarios son una actitud abierta, que demuestre que se quiere conocer a otros y que otros nos conozcan, y perder el miedo a los demás o a lo que puedan querer. Lo mejor es ser simplemente como uno es, es la manera más fácil de estar seguro de ser aceptado sin condiciones, y por supuesto, entender que está bien querer encontrar pareja, no hay nada malo en ello, ni en nosotros ni en los demás. A veces parece que nos produce demasiado pudor admitir que nos gustaría estar enamorados, sin embargo casi todo el mundo quiere querer y que le quieran. A menudo es un sueño tan íntimo, que queremos proteger con tanto mimo, que nosotros mismos impedimos la posibilidad de que ocurra. «Está bien» es un mantra que nos repetiremos una y otra vez, como también está bien decir que no y que nos digan que no (con amabilidad y consideración, por favor), y está bien, muy bien, intentarlo, y sobre todo no tirar la toalla hasta que se consiga.

Así que, una vez que ya has decidido lo que quieres, y cómo lo quieres, relájate, acéptate a ti mismo y a los demás. Acepta las decisiones que se tomen, diviértete aprendiendo lo duro que es encajar con alguien, y lo difícil que resulta en ocasiones decir a otro que no, y no pierdas el foco de lo que te has propuesto encontrar. Esperamos que nos vayas contando cómo te va. ¡Adelante y buena suerte!

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